La especialista en neurodesarrollo explica cómo las respuestas de los cuidadores ayudan a construir la seguridad emocional durante la infancia y por qué sus efectos pueden acompañarnos hasta la adultez.

En los primeros meses de vida, un bebé ya se comunica: llora, gesticula y busca contacto afectivo. La respuesta que recibe le permite reconocer si el mundo es un lugar seguro. Para la psicóloga especializada en neurodesarrollo, Solange Otiura, estos primeros intercambios crean un lazo familiar que ayudan a la regulación emocional y la empatía.
¿Por qué el humano está biológicamente diseñado para conectarse?
Tenemos estructuras cerebrales vinculadas con la percepción de las emociones y la empatía. Sin embargo, esta capacidad también se construye mediante la interacción. Cuando un bebé llora y un adulto reconoce si tiene hambre, sueño o malestar, comienza un intercambio de señales. El niño se siente leído y ve a esa persona como una fuente de calma.
¿Cómo influye esa respuesta en sus relaciones futuras?
Durante el primer año se construye la confianza básica, un sentimiento fundamental para su desenvolvimiento en el mundo. Si las figuras que cuidan al niño son predecibles y responden a sus necesidades, él comienza a confiar en ellas y también en el mundo. Luego amplía esa experiencia hacia los hermanos, los abuelos y los compañeros. Como entregar afecto ha sido una experiencia segura, puede volver a hacerlo con otra persona.
¿Qué ocurre cuando no existe una figura estable de cuidado?
Al niño le resulta más difícil aprender las señales de conexión emocional. Sucede en situaciones de abandono o cuando cambia constantemente de cuidador. Si no hay una persona estable en su vida, en especial los primeros años, puede permanecer en un estado de inseguridad. Por eso, es importante que tengan una figura contante que sea capaz de brindar contención.
¿Esa inseguridad puede mantenerse en la adultez?
Sí. Algunas personas desarrollan autosuficiencia extrema porque aprendieron que no podían recurrir a sus padres cuando atravesaban una dificultad. Intentan resolver todo solas y, si fracasan, tampoco buscan apoyo en otras personas. Ya que si quienes debían cuidarlos no eran confiables, el mundo tampoco lo es.
Entonces ¿la conexión es una necesidad básica?
Es una necesidad de supervivencia. Una persona que recibe afecto puede nutrirse, aprender, explorar y enfrentar dificultades porque sabe que cuenta con alguien. El humano necesita afecto para sobrevivir, además es una base de seguridad desde la cual afronta conflictos.
