Especialistas en neuropsicología señalan que los vínculos afectivos influyen en la formación del cerebro y en la salud emocional desde los primeros años de vida.

Imagen generada por inteligencia artificial

El contacto afectivo durante los primeros años de vida influye directamente en la formación de conexiones neuronales y en la capacidad futura de crear vínculos emocionales seguros, según explicó la neuropsicóloga Solange Otiura, especialista en desarrollo infantil. Ella sostiene que la capacidad empática se construye a partir de vínculos que establece la madre con el bebé desde el proceso de gestación. 

Además, Otiura sostiene que el entorno emocional del bebé influye directamente en la creación de conexiones neuronales “Cuando el bebé no se estresa, genera mayor cantidad de sinapsis”. A partir de estas interacciones, el niño desarrolla herramientas para regular sus emociones según el tipo de crianza y afecto recibido. Aparte, señala que “si la madre y el padre son confiables para él, él empieza también a desarrollar una confianza en el mundo”. Así, permitiendo que genere futuros vínculos con otros seres humanos, y pueda ser parte de un intercambio afectivo y empático con el resto del mundo. 

Bajo esa premisa, la neuropsicóloga explica que “[el] clima familiar [tiene que ser] lo suficientemente óptimo para que la química cerebral del bebé esté más invadida de serotonina y no de adrenalina”. Esto asegura que el individuo pueda desarrollarse adecuadamente y pueda tener una capacidad empática. Donde, a lo largo de su vida pueda tener la química cerebral regulada y sea capaz de enfrentar el conflicto sin sobrecargas emocionales. Solange enfatiza que la conexión parental sostenida por el afecto es indispensable, ya que es necesario crear seguridad en el bebé para que pueda aprender a leer las señales de conexión emocional y pueda desarrollar confianza en futuras relaciones.

De la misma forma, la doctora Ana Asensio en su libro El Cerebro Necesita Abrazos, comparte que la conexión es una necesidad biológica. Expande que el ser humano está hecho para conectarse con otros y que la presencia, el intercambio y la mirada regulan el sistema nervioso.


El Estudio sobre el Desarrollo de Adultos de Harvard, es la investigación más larga de la historia sobre la vida humana. En esta, concluye que las relaciones sociales y afectivas de calidad son el factor predominante para una vida saludable, larga y sobre todo feliz. Tanto Otiura como Asensio coinciden con estos hallazgos, al señalar que los vínculos afectivos cumplen un rol fundamental en el desarrollo emocional y cognitivo de las personas, especialmente en el mundo desconectado en el que vivimos.